Un secreto

Estamos rodeados de silencios.
Cuando imagino a mi abuela, la imagino callada contemplando el campo, paseando las ovejas.
Me la imagino joven, de veintipocos, aislada por el monte. Contemplativa con el romero en el paisaje de Teruel.
También la imagino sentada a la mesa, callada, con su padre gobernando la discusión de la casa. A mi abuela le enseñaron muy pronto a callar.
Su infancia en la posguerra, con los vecinos que siempre se tratan con respeto y con máxima alerta. Silencios y miedo a los cotilleos, cualquier roce podría llevar al desastre. Recuerdo  a mi abuela murmurando, cuando hablaba de alguien, pero nunca dejando en claro lo que quería decir.
En el super, la escena que recuerdo es ella tirándome de la mano, para alejarse de la vecina, la Paca. “Venga, que tenemos prisa, cariño, vamos”.
Cuando le preguntaba por esa persona, o el porqué del fugaz saludo, o si pasaba algo, movía la cabeza de un lado a otro y hacia un gesto de indiferencia, “nada, mejor sigamos”.

En mi infancia yo sufrí mucho de gases y dolores de barriga intensos. Me daban apretujones, que me dejaban encorvada sobre mi estomago, sin poder moverme. Quejumbrosa, pasaba horas en el retrete, esperando poder expulsarlos.

Una mañana que nos encontrábamos solas, mi abuela y yo. Harta de verme sufrir,  me puso la chaquetilla de punto y nos dirigimos a la calle de la mano. La mano de un adulto mayor es fina y rugosa a la vez. Es cálida con un punto de frescura.

Andamos dos o tres calles hacia el barrio de las casas bajas,  el que esta rodeado de huertas. Allí, en una casa en la que nunca me había fijado, mi abuela llamo a la puerta. Estaba la casa sola, rodeada de solares. Era la única casa sobreviviente de lo que serían  las nuevas urbanizaciones. Había restos del color de la pared del vecino y algún muro que no había caído, todavía pegado a ella. En los solares, algún sommier con todos los hierros oxidados descansaba olvidado y cerca una bolsa de basura.

Entré detrás de mi abuela, por una puerta bajita. La casa estaba oscura, como si no tuviese ventanas. Apenas vi la cara de la señora, de la cual sólo recuerdo sus manos. Llevaba un pañuelo a la cabeza quizá y vestía de negro.

Mi abuela y ella se saludaron, preguntándose el ¿Cómo esta usted? obligatorio, pero de modo cariñoso, como si hubiese complicidad y se conocieran desde hace mucho.
Poco después, estábamos las tres sentadas, cada una en su silla.

Mi abuela le contó sobre mi fuerte dolor, “no puede hacer de vientre, mire, toda encogida que va”. Yo, sentada, todavía engarrotada, dejé que la mano de la señora se posara en mi barriga. Primero puso una mano, después la segunda. Comenzó a apretarme y yo me removía, incómoda. Durante unos segundos no cesó de apretarme en la barriga, después quitó sus manos y el dolor desapareció al instante.

Y como vamos Marina, espero que su marido se encuentre bien y siga así, animado.
Eso es lo importante, Galinda, ya a nuestra edad solo podemos que pedir, que nos quedemos así, de nada sirve quejarse.

Yo observaba su conversación, que continuaba como antes de que posara sus manos en mi. Dos viejas amigas, saludándose. Incrédula, debí abrir los ojos más de la cuenta. Apenas había un pequeño haz de luz que entraba por la rendija de lo que yo adiviné sería la cocina. Aunque toda la casa tenia el aspecto de ser una gran cocina.

Vaya, que tiene usted una nieta preciosa, grande, grande, recuerdo cuando era así, chicuta  una migaja, y ahora… mire usted que rizos tiene, que pelambrera”.

No sé si mi abuela le dio dinero a la señora o no. Sólo recuerdo que salimos por la puerta estrecha y que yo seguía con los ojos muy abiertos. La diferencia de luz fuera de la casa era dolorosa. Ya podía enderezarme sin problema y caminé con mi abuela, de vuelta a casa. Su mano quedaba a la altura de mi cabeza.

La mire entrecerrando los ojos, buscando una respuesta.

Abuela… ya no me duele
Sin mirarme, me dice en voy baja:
–  De esto a tu madre nada, ¿eh? no le diremos ¿vale? Será nuestro secreto.

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Foto de la comunión  de mi madre, (la del centro) primavera del 66

5 comentarios sobre “Un secreto

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