Empieza por W…

Witch, Wollstonecraft, Woolf y Wiener

¿Cómo empezar a escribir sobre el feminismo?

Estamos viviendo un momento clave para este movimiento, mujeres que salen a la calle, a protestar, a reclamar que la justicia nunca ha estado de su lado, que las condenas a los mal-tratadores, violadores y asesinos no se corresponden con el daño hecho a las víctimas. En muchos casos, estas ya no pueden hablar.
Para entender de donde viene esta situación, he mirado un poco hacia atrás, con la intención de entender cuales eran las reivindicaciones feministas hace doscientos anos y cuales son las actuales, en relación a la justicia.

Entre mis lecturas me tope con “Calibán y la bruja”. Un libro básico que explica la relación entre la quema de brujas y el establecimiento del capitalismo en Europa. Parece ser que el capitalismo tiene unas armas violentas y claras para imponerse. Si en un principio se pensaba que iban a ser necesarias solo durante las primeras andaduras capitalistas, las represiones han resultado ser cíclicas. Matar a todos aquellos que son defensores de los espacios comunes, del reparto entre comunidades y propagadores de la cultura de lo común, no fue suficiente. En su momento eliminó algunos problemas de oposición ante la propiedad privada y lo que esta supone.

Es interesante divisar que las mujeres han estado siempre fuera del sistema judicial. Es decir, que como seres inferiores, atareados en cosas femeninas, con ataques nerviosos o debilidad emocional, la justicia no consideraba a una mujer una asesina o homicida como tal. Se trataban de cosas de mujeres. Normalmente se solucionaba con la violencia, pero no se recurría a un proceso legal. Si no eres un ciudadano, estas fuera de la ley. Esto tenia su desventaja pero también posicionaba a las mujeres en una situación de libertad considerable.

La manifestación mas salvaje que ocurrió durante la revolución francesa fue realizada por mujeres. Cuando el pan era demasiado caro, y el rey decidió que las tasas las tenían que pagar solamente los pobres, fueron las mujeres quien armadas salieron a la calle. Fueron ellas las que se armaron de violencia, hartas de pasar hambre. Estar excluidas del sistema judicial, las hacía mas propensas a no tener que dar explicaciones sobre lo que “se debe hacer y lo que no”. Esto se repite a lo largo de todas las protestas o barreras que ha encontrado el sistema capitalista para asentarse, mucho antes de la revolución francesa.

En el siglo XV, las mujeres de las villas, levantaban las vallas, las cercas, que los señores construían para limitar los terrenos. Lo que había sido de uso común, pasaba a ser una propiedad privada limitada. Armadas de palas, levantaban las vallas al son de “La tierra es de quien la trabaja”. Himno que resuena desde entonces, y que naturalmente los hombres trabajadores abanderaron.

Volviendo al presente. Un tiempo caracterizado por un sistema capitalista asentado en su totalidad, ya no solo en el sistema legal y judicial sino también en la mente de las personas. Despues del fin de la guerra fría, y el fracaso del comunismo llevado a la practica, las personas a duras penas podrían pensar en un modo de vida que no considere el capital como su base. Marx, explica que el capitalismo no necesitaría nunca más la violencia una vez que las personas ya estén adoctrinadas. Sin embargo, el capitalismo necesita recordar a base de golpes, que esta ahí, y que el capital es lo que manda. Una y otra vez. Solo puede hacerlo a través de la violencia, cada cierto tiempo se hace evidente, en guerras, en ataques y en castigos ejemplares.

En 1790 Mary Wollstonecraft escribe lo que se considera el primer escrito en Europa que reivindica los derechos de las mujeres. Creo que es importante destacar que no se trata de una reivindicación por la igualdad legal entre hombres y mujeres, sino de la propuesta de considerar a las mujeres como seres tan superiores como lo hombres, y por lo tanto susceptibles de entrar en el sistema legal, con sus derechos, obligaciones y deberes. La necesidad de considerarlas ciudadanas.

Mary hacia para ello, eco de los problemas que la sociedad acarreaba desde tiempo atrás, al dejar a las mujeres, a la mitad de la población, fuera del sistema. El sistema en si, no solo en el apartado legal, si no también en la formación, las mujeres no tenían acceso a la educación. Manteniendo a seres humanos en una situación precaria, de dependencia, en la que que tenían que aprender a vivir con directrices dadas por supersticiones, costumbres e intuiciones. Naturalmente las mujeres estaban menos preparadas para una vida intelectual, para las tareas que requerían conocimientos básicos, pero esto era consecuencia de una absoluta reclusión hogareña y la negación al acceso a la educación.

En este sentido Mary fue una mujer que se salió de la norma. No solo por sus escritos sino por su modo de vida, que fue para el momento realmente escandaloso. Viajante, independiente, con vínculos no oficiales con distintos hombres. Mary tenia como proyecto vivir y compartir su vida con una de sus mejores amigas. Supo darse cuenta en su momento de las ventajas de la sororidad, del apoyo entre mujeres. En una época donde el termino feminismo no se conocía y por lo tanto no existía. Ya ni que decir, que no se hablaba de sororidad. Un término nacido en 1900, pero que todavía hoy no ha sido introducido en el diccionario de la RAE.

Un siglo después, ya en el siglo XIX, Virginia Woolf escribirá su “Una habitación propia”. Las mujeres han peleado cada metro de independencia que ahora podemos disfrutar. Espacios no solo mentales, si no también físicos. Un espacio propio, supone tener la autoridad para cerrar la puerta, aislarse y trabajar en un texto por ejemplo. Woolf, intentando escribir sobre la literatura y las mujeres, puso en evidencia que el problema mayor era también el mas simple, obvio y practico. El problema de tener el tiempo, el espacio y el dinero para poder dedicarse a una tarea que no implica un ingreso inmediato.

Ambas mujeres sufrieron depresiones importantes, tuvieron momentos muy duros, e intentaron suicidarse. Una de ellas lo lograría.
¿A qué se debe esta actitud auto-destructiva? Me hace pensar que las mujeres inteligentes, creativas con potencialidad, estaban encerradas en un sistema que las negaba como seres capaces, y en unas situaciones de dependencia económica que tallaban cualquier posibilidad de creación y trabajo.

Haciendo un esfuerzo por imaginar la situación a la que se enfrentaban, no es difícil entender que quisieran quitarse la vida, y acabar con toda la humillación social impuesta.

Sinceramente mirando hacia atrás, agradezco toda la lucha llevada a cabo. Ahora toca preguntarse, cual es nuestra situación y que queremos cambiar.
Evidentemente hemos ganado el derecho al voto, la entrada al sistema capitalista, como trabajadoras remuneradas. Aun queda por mejorar la calidad de nuestros puestos, la remuneración y la valoración social.
Por otro lado, el sistema judicial, sigue siendo un lugar, que quizá por costumbre y tradición, es ajeno e impermeable a lo que concierne a las mujeres. Todavía no abre las puertas a una empatía con ellas. Con un lenguaje ajeno, incomprensible y magnificado todavía con una imagen de hombre, los casos de violencia machista, no tienen todavía un nombre legal, ni una penalización palpable y cualitativa. A la justicia le siguen interesando los problemas entre hombres, esta hecha por hombres y llevada a cabo por hombres.
Las víctimas no son consideradas apenas como tales, cuando son mujeres. (A no ser que estén ya muertas) porque la justicia no considera que la violencia contra ellas tenga que se mirada bajo la lupa del sistema, sino que todavía es parte de lo privado, la esfera hogareña, y natural de hacer callar al sexo débil. Los casos son desvalorizados, y en su mayoría de veces, no comprendidos o discutidos hasta la saciedad para encontrarles un nombre. ¿Ha sido esto una violación, una agresión sexual, una intimidación, una amenaza o quizá fue una persuasión, una simple receta cotidiana entre hombre y mujer? Así, el tiempo pasa, el caso se pierde, la sociedad se olvida, y la víctima sufre una violencia aceptada judicialmente como natural.

Hace poco, leyendo una poesía de Rosalía de Castro, entendí, que esto es una temática repetitiva y habitual, en la cultura popular. El poema se titula la justicia por la mano. Una mujer humillada, aislada y olvidada por la justicia y por todos decide vengar a aquel que la hizo caer en desgracia. Es tan dolido el sentimiento, de no tener a nadie que escuche, ni vengue el daño hecho. De no ser considerada víctima a los ojos del sistema ni de la sociedad, si no como algo distinto. Este poema esta escrito a principios del siglo veinte.

Como os decía, no es necesario irse mucho tiempo atrás para contemplar la todavía palpable distancia existente entre las mujeres y la justicia.
Como dice Gabriela Wiener, necesitamos una feminización de la justicia, (no ponerle lacitos, ni vestido rosa) sino una justicia, unos plenos políticos, que den el espacio necesario a las mujeres.

janelle Monae
Janelle Monàe

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s